México: Gana AMLO por arrasadora mayoría

El 1 de julio los ciudadanos mexicanos eligieron Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como 57º presidente de México. Cambiaron ese día la historia política de su país. AMLO, candidato de la Coalición Juntos Haremos Historia (MORENA-PT-PES) ganó de manera aplastante con 53,8% de los votos. Luego de decenios de gobiernos corruptos de la dupla PRI/PAN, México entró en una nueva era con su primer presidente progresista. AMLO no sólo ganó la presidencia, Morena ganó la mayoría de los 128 senadores y de los 500 integrantes de la Cámara de diputados y cinco de las siete gobernaciones en juego. Ganó en el Distrito Federal Claudia Sheinbaum. AMLO ganó en 31 de los 32 estados mexicanos.

La derecha se desplomó. Los derechistas candidatos Ricardo Anaya de la coalición Por México al Frente (PAN, PRD y MC) y José Antonio Meade de la coalición Todos por México (PRI, PVEM y PANAL) se repartieron 22% y 16% de los votos respectivamente. La esperanza de la oligarquía es la cooptación de AMLO.

El nuevo presidente AMLO, debe asumir el 1 de diciembre. Erradicar la corrupción y la impunidad será su misión principal. La transición desde el gobierno de Enrique Peña Nieto comenzó sin mayores sobresaltos. AMLO ya nombró su representante para las negociaciones del TLCAN. Cunde la inquietud en Washington y Ottawa sobre el destino de las negociaciones abiertas por el presidente estadounidense Donald Trump..

La elección de un primer presidente progresista en México, en decenios, marcó un hito histórico. Rompió los esquemas tradicionales de la política mexicana. AMLO prometió no robar, no mentir y no traicionar. Un verdadero cambio de paradigma para la política mexicana.

Fraude, Violencia y Poderes Fácticos

Muchos observadores no se atrevían a vaticinar una victoria de AMLO a pesar de estar seguro en las encuestas. Por temor evidente de una repetición de los  fraudes de elecciones de 2006 y 2012. Esta vez, no surtieron efecto las compras de voto, los robos de urnas y los regalos, ampliamente denunciados. Algunos llamaban ya a defender la victoria de AMLO desde la base social.

Tampoco funcionó la campaña sucia y los ataques de la oligarquía contra AMLO. Desde noticias falsas sobre la violencia de López Obrador. Hasta denuncias desde Estados Unidos sobre injerencia rusa en las elecciones. Tampoco, el subterfugio de chavismo dictatorial de AMLO, usado exitosamente contra el izquierdista Petro en las recientes elecciones colombianas, dio resultado. Un manual de contra la guerra sucia permitió contrarrestarla. Pero fue el desprestigio de la derecha política mexicana que no sirvió.

Ciertamente, contribuyó, que a pesar de una larga carrera política AMLO tiene manos limpias. Nunca se le ha encontrada nada sospechoso. “Me pueden llamar Peje, pero no lagarto” afirmó en debate presidencial.

Pero tras el desplome de la derecha política subsiste la resistencia de los poderes fácticos que benefician de la corrupción y el narcotráfico. Los narcos y sus aliados políticos y económicos gozan de impunidad. Fue la campaña electoral más violenta de la historia moderna de México. El mismo día de las elecciones dos militantes fueron asesinados. Hubo más de 130 político asesinados desde septiembre de 2017. Entre ellos hasta Fernando Purón, candidato a diputado del PRI asesinado, presumiblemente por Zetas, cuando se tomaba un selfie con una simpatizante después de prometer combatir el narcotráfico. Se confirmó así el fracaso estrepitoso de los once años de represión del narcotráfico de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, traducida en una violencia que cobró 29 mil asesinatos sólo en 2017.

División de la Derecha y Desafíos de AMLO

La elección de AMLO fue un voto de castigo contra una derecha corrupta y sin proyecto de país. Confirmó el agotamiento de las políticas neoliberales, profundizadas con el Pacto de México. Ellas siguen aumentando las desigualdades sociales. Una iniquidad acompañada de la corrupción desembozada confirmada con el escándalo de la Casa Blanca del Presidente Peña Nieto.

La derecha dividida se autodestruyó. Peña Nieto atacó Ricardo Anaya (PAN-PRD-MC) por corrupto. Anaya acusó de corrupción José Antonio Meade (PRI-PVEM-NA) ante la fiscalía por lazos con la constructora brasileña Odebrecht. Descartó el pacto derechista para detener a AMLO, de Fernández de Cevallos. Terminó así el ciclo de la política mexicana que, entre el PRI y el PAN gobernó el país desde el 2000 el fin del predomino absoluto del PRI en el siglo XX:

La crisis de la derecha mexicana favoreció la victoria de AMLO. Pero no ha derrotado la oligarquía y las políticas neoliberales. Por lo pronto, el Economista ya anuncia que la calificadora S&P señala que supermayoría de Morena en el Congreso crea incertidumbre en los mercados. Otros ya anunciaron la crisis si ganaba AMLO.

Pero, la cooptación de AMLO es la alternativa más temida por muchos porque sería la continuidad. Muchos creen que AMLO se impuso el herculino trabajo de limpiar los establos de Augías mexicanos. Debe iniciar el desarme de los aparatos delictivos y los de represión estatal, coludidos ambos en el narcotráfico, la violencia y la impunidad. Debe recuperar la virtud en la esfera pública desarmando la corrupción. Además, combatir la desigualdad social revirtiendo el privatizador, antisocial y excluyente Pacto por México de Enrique Peña Nieto, el PRI, PAN y PRD. Entre  otras, debe facilitar la emergencia de una cultura de derechos humanos y el reconocimiento de la pluriculturalidad mexicana.

Impacto de la Victoria del progresismo en México

El 1 de diciembre, AMLO controlará la presidencia y el Congreso. Por primera vez, millones de mexicanos se sienten representados.

Algunos dicen que ganó porque moderó su discurso. Al hacerlo más pragmático y conciliador. Viró a la derecha según el sociólogo Roger Bartra, abundantemente citado. Ciertamente, amplió su base social a sectores conservadores, creando polémica con su alianza electoral con el partido de raíces evangélicas Encuentro Social (PES).

AMLO prometió, como todo buen gobernante: ¡No mentir, no robar y no traicionar! Una promesa novedosa para México. ¿conseguirá ese viento de esperanza desplazar el cinismo de los profundos valles y altas montañas mexicanas? Su base social jugará un rol vital para que enfrente, sin claudicar, la oligarquía, los poderes fácticos, el priismo, el panismo y el perredismo. En México la marea morenista es mayor que AMLO.

Su victoria tiene efectos continentales. Reaviva la corriente progresista latinoamericana, que se creía moribunda. Ciertamente, AMLO está más cerca de Lula que de Hugo Chávez, pero representa un nuevo desarrollismo progresista de centro izquierda. Una búsqueda de alternativas a la crisis del neoliberalismo y la globalización. Una centro-izquierda que como con otros gobiernos progresistas, abre esperanzas de combatir las desigualdades sociales mexicanas profundizadas por 30 años de políticas neoliberales.

AMLO espera respeto del presidente estadounidense Donald Trump. Defender los intereses mexicanos en las negociaciones del TLCAN reabiertas por Washington. Se debilitará el rol de tampón que Washington espera de México en América Central; en materia de migraciones y desarrollo económico. AMLO abre la puerta a la latinidad de México. A un retorno de postura diplomática que reconoció la revolución cubana. De eventual respeto al derecho a la autodeterminación de la nación bolivariana. De un rol regional como en el Grupo CONTADORA. La victoria de AMLO es una muy buena noticia para los progresistas latinoamericanos.

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