Reflexiones sobre el atentado mortal en Quebec

Vigilia contra la islamofobia

La noticia que ocupó la atención esta semana en Quebec fue el atentado de Alexandre Bissonnette contra los fieles musulmanes el domingo 29 de enero en el momento de la plegaria nocturna en el Centro Cultural Islámico de Quebec. Una matanza horrible que dejó seis muertos y cinco heridos de gravedad. Fueron asesinados por su religión y ser diferentes a pesar de haber vivido en Quebec desde hace decenios varios de ellos. A pesar de la particularidad del atentado, el autor se inscribe en la extrema derecha y se suma a otras matanzas que se repiten con una abismante regularidad en este siglo 21. Nos sumamos a la condena de la sociedad quebequense ante esos asesinatos de personas inocentes que nada puede justificar. Después de una semana, han terminado las ceremonias fúnebres masivas en Montreal para Aboubaker Thabi, Khaled Belkacemi et Abdelkrim Hassane y en Quebec para  Ibrahima Barry, Mamadou Tanou Barry y Azzeddine Soufiane. Continúan las marchas de solidaridad y llamados para un Quebec inclusivo, una tarea que parece de gran complejidad.

Un asesino solitario

El presunto autor del atentado es Alexandre Bissonnette es un joven de 27 años de Cap Rouge un suburbio de la Capital Nationale de Quebec. Fue detenido por las autoridades en estado de ebriedad y bajo uso de anti depresores, sin oponer resistencia. Estudiante en ciencias sociales en la Universidad Laval. Cometió el atentado con un arma de uso restringido (una pistola de 9mm) debidamente registrada hace dos años. Pasó el mecanismo de control establecido por la ley (reunirse con un policía y ser avalado por dos personas). Pertenecía a un club de tiro donde la personas le encontraban raro, pero no creyeron necesario informar las autoridades.

Alexandre Bissonnette

De acuerdo a las informaciones Alexandre Bissonnette, tiene ideas de extrema derecha, un admirador de Marine Le Pen, pro-Israel, opuesto al control de armas y contrario a los impuestos. Otros informan que era hostil a los no-blancos y los no cristianos. Expresaba temor ante los inmigrantes pero no hacía apología supremacista blanca. Como nunca había sido violento, su detención fue una sorpresa para todos quienes le conocían. De acuerdo a un fiel musulmán, Bissonnette había visitado ya con anterioridad la mezquita lo que hace creer en la premeditación.

Todas las informaciones apuntan a que fue el acto de un lobo solitario. Ello lo hace semejante al asesinato de otro extremista de derecha racista, Dylann Roof, que mató nueve personas en una Iglesia de Charleston en Estados Unidos en diciembre pasado. Para otros como Francine Pelletier del Devoir, se asemeja a los atentados de Marc Lepine. De acuerdo a ella, basta con remplazar las estudiantes del Politécnico de Montreal por los islamistas y el crimen por discriminación está claro. Otros lo asemejan al atentado contra los separatistas de Richard Henry Bain el día de la victoria electoral del Partido Quebequense dirigido por Pauline Marois el 4 de septiembre de 2012.

Las interpretaciones abundad

Las interpretaciones abundan y la reflexión colectiva no ha terminado. Más allá del consenso de que se trata de un gesto de un individuo, de asesinatos masivos inaceptables y que estremece la sociedad quebequense porque no había habido crímenes racistas o antirreligiosos de esta magnitud.

El ataque, realizado en el momento de la plegaria nocturna de los fieles musulmanes, fue calificado de terrorista por el primer ministro de Quebec Philippe Couillard quien llamó a extirpar de la sociedad el odio y el racismo refiriéndose al impacto de las palabras de políticos, animadores radiales y en los medios de comunicación sociales.

Funerales de las víctimas

Esa tesis de que el atentado se produjo por efecto del contexto creado por la influencia nefasta de los llamados medios de comunicación sociales que banalizan la expresión desembozada de opiniones racistas y xenófobas es generalizada. Algunos expertos plantean que los animadores derechistas de las llamadas radios basura de Quebec tiene sangre en las manos por sus propósitos racistas y anti musulmanes.

Para otros es el contexto derechista del llamado misterio de Quebec, donde hay sobrerrepresentación de fuerzas conservadoras y el fortalecimiento reciente de grupos de extrema derecha; un efecto de la desigual distribución de la inmigración. Para otros el autor de los atentados respondía al contexto mundial anti-musulmán atizado por el nuevo presidente estadounidense Donald Trump y específicamente su medida de prohibición de entrada a su país de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.

El pionero de la sociología Max Weber fue el primero en explicar que el contexto económico, social o político crea las condiciones para gestos individuales, conocidos como anomia. Un gesto como el cometido por Alexandre Bissonnette. Algunos, en esas condiciones, incluso un Imam en la ceremonia fúnebre, consideró a Bissonnette como una víctima del contexto. La condena generalizada expresa una sanción moral a la xenofobia.

Hay consenso que la clase política quebequense estuvo a la altura de la situación con sus llamados a la inclusión y sus mea culpas. Incluida la del diputado federal de la circunscripción donde ocurrieron los hechos.

Vivir juntos

Sin embargo, existen acusaciones veladas de quienes plantean la responsabilidad del discurso por la identidad quebequense no resuelto porque los líderes políticos no han seguido las recomendaciones de la comisión Bouchard-Taylor sobre los acomodos razonables y las fallas del vivir juntos.

Se plantea que Quebec fue capaz de iniciar ese debate luego del famoso código de Herouxville, pero se quedó allí. Se agrega a ello la fallida carta de valores de la laicidad propuesta durante el corto gobierno de Pauline Marois. Es indudable que realizar la introspección necesaria, en el contexto de este atentado, es difícil.

Gérard Bouchard et Charles Taylor

En el fondo se trata de dirimir una disputa esencial entre las tendencias de cómo tratar la diversidad que resulta de una sociedad quebequense y canadiense abierta a la inmigración. Por un lado, las posiciones multiculturalistas basada en la primacía del respeto de los derechos individuales, de carácter federalista, por un lado. Por otro lado, las posiciones  interculturalistas que plantea la formación de una identidad común en la diversidad en torno al francés y que toman en cuenta que la mayoría francófona es una minoría en Norteamérica.

Ese es un debate que va más allá del problema de tolerancia religiosa o del aumento del terrorismo a nivel mundial o de lo que Samuel P. Huntington llamaba la guerra de religiones. Ninguna de las dos posiciones justifica el terrorismo o la intolerancia y la condena pública lo demuestra.

Está claro que el atentado cometido por Alexandre Bissonnette es el ataque de un lobo solitario que abre interrogantes sobre el tema de la integración harmoniosa de los inmigrantes en esta provincia. Una cuestión que recuerda las  crecientes denuncias y consenso sobre la existencia de un racismo estructural no solo dirigido a la llamada comunidad musulmana sino que hasta con las primeras naciones de Canadá, por no hablar de otras inmigraciones, hasta las muy antiguas, pero que no dejan de ser inmigrantes. El despertar de ese debate en estas condiciones es importante porque puede llevar a que sea finalmente tomado en serio que la inmigración es un fenómeno complejo que no solo interpela al inmigrante sino que también a la sociedad de acogida y por ello debe traducirse en políticas públicas financiadas adecuadamente para todos, tanto los inmigrantes como para los ciudadanos de la sociedad de acogida, como una política de Estado, para favorecer verdaderamente el vivir juntos.

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