TRUMP 5: ¿Se resfriará Canadá?

El dicho popular postula que cuando la economía estadounidense tose, Canadá se enferma de gripe. Las contradicciones entre Donald Trump y el primer ministro canadiense Justin Trudeau serán muy importantes y requerirán esfuerzos diplomáticos particulares. Ello explica el cambio de gabinete del gobierno ministerial canadiense.

Lo que se viene no es nada semejante a los buenos lazos con el saliente presidente Barack Obama. Nada semejante a la relación entre el conservador Brian Mulroney y Ronald Reagan en los años ochenta.

Ciertamente la ignorancia de Trump sobre Canadá refleja su poco interés por el país al norte de su frontera cuando planteó en su Tweeter que Estados Unidos nunca debió darle la independencia a Canadá. O la otra Trumpada calificando al primer ministro Justin Trudeau como el peor presidente siendo que en Canadá hay primer ministro.

El gobierno Trudeau necesitará una gran dosis de pragmatismo para que Canadá no se vea afectada por la presidencia de Donald Trump que ya ha criticado, entre otras cosas, el sistema de salud canadiense calificándolo de catastrófico y acusándolo de servirle de inspiración al Obamacare que ya prometió eliminar en Estados Unidos.

Sin embargo se considera que las consecuencias en materia económica no serán catastróficas por el alto nivel de integración de las dos economías. Trudeau es un partidario abierto de la globalización y de los acuerdos de libre comercio como el Transpacífico, ya firmado por Canadá… que Trump también se propone eliminar en el primer día de su presidencia. Trump también ha planteado que se debe renegociar el Acuerdo de libre comercio de América del Norte, pero su principal blanco es México, no Canadá.

El proteccionismo de Trump no plantea, en ninguno de los dos casos, terminar con una política de comercio exterior y la autarcía económica. Se trata más bien Make America Great Again con acuerdos bilaterales que sean más favorables a Estados Unidos.

Todo indica sin embargo que con el nivel actual de imbricación de las economías de Estados Unidos y Canadá, cuyo comercio cotidiano es de 2,4 mil millones de dólares será difícil terminar esa relación privilegiada. Una integración que va más allá de lo económico porque incluye los sistemas de seguridad en América del Norte. Por ello, las medidas proteccionistas de Trump serán parte de una negociación y se tratará más bien de hacer ajustes antes que cambios substanciales.  No está claro sin embargo en que quedaran las amenazas de Donald Trump de aplicar impuestos a los movimientos de piezas de la industria automotriz basada en Canadá y que transita como comercio intrafirma entre los dos países.

Otro aspecto fundamental de diferencia política se refiere a la lucha contra el cambio climático. La política de Donald Trump persiguen favorecer la explotación de energías fósiles como el petróleo y el carbón, reducir la reglamentación de grava las empresas contaminantes y retirar estados Unidos del Acuerdo de parís de lucha contra el cambio climático. Esa postura estadounidense puede afectar decididamente los planes de transformación energética del gobierno canadiense y el plan acordado con las provincias en torno a la bolsa del carbono.

Para otros la ruptura que plantea el gobierno Trump puede ser la oportunidad de diversificar los mercados de la economía canadiense y posicionarla como un líder de primer plano en la transformación energética, la nueva economía con tecnologías no contaminantes del siglo XXI.

Se estima que de todos modos, a la larga, el gobierno estadounidense deberá adoptar esa estrategia económica innovadora, bajo Trump o bajo otro presidente futuro. Ciertamente Trump va a aprobar el controvertido proyecto de oleoducto de Keystone XL que fue vetado por Barack Obama con lo que aumentará a corto plazo la explotación de petróleo de las arenas bituminosas de Alberta y retardará los planes de combate al cambio climático.

No todo aparece negativo según los observadores. El ambicioso plan de infraestructuras de Trump coincide con el de Trudeau, quien también plantea crear empleos y estimular la economía con mejoramientos en la infraestructura del país. Ello puede abrir oportunidades para empresas canadienses ya instaladas en Estados Unidos.

Sin embargo, el impacto de la presidencia de Donald Trump es más general, es un fenómeno de una América del Norte que comparte elementos políticos y culturales comunes. Producto de la proximidad de los dos países, ya se ve una influencia en la política canadiense: en Quebec el líder caquista François Légault imita el estilo Trump. Por otro lado hay influencia  del estilo Trump en la carrera al remplazo de Stephen Harper en el partido conservador y algunos de esos candidatos se reclaman de su estilo y posiciones. La tendencia populista de derecha ya está presente.

Además, pese a que las encuestas muestran que Trump es muy impopular en el electorado canadiense que le ve como una amenaza antes que como una figura que deba imitarse, algunos aspectos de su retórica pueden fortalecer sectores que hoy son marginales.

Esta entrada fue publicada en Canada/Quebec, Internacional y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *