9-11: Reflexiones en 2016

usa11septembreAbundan en los últimos días en la prensa tradicional los análisis y las informaciones sobre el impacto en el mundo de los ataques suicidas organizados por Al-Qaeda del 11 de septiembre de 2001, con aviones de línea cargados de pasajeros inocentes contra las torres gemelas del World Trade Center, contra el Pentágono y el fallido intento contra la Casa Blanca por la valentía de los pasajeros de ese vuelo. Tras esos análisis se tiende a interpretar la realidad mundial actual en función del trauma vivido por los estadounidenses. Aunque esos atentados consolidaron la percepción de un nuevo contexto internacional marcado por la declinación de Estados Unidos como potencia hegemónica, el panorama mundial del siglo XXI es bastante más complejo. Su análisis no se limita al fracaso de la administración Bush de transformar la lucha contra Al Qaeda en el principal problema del siglo XXI, asimilándolo al choque de civilizaciones de que hablaba Samuel P. Huntington en 1993.

Fin de la hegemonía estadounidense

En primer lugar, es efectivo señalar que los atentados cuestionaron la hegemonía incontestada de Washington sobre el mundo de la post-guerra fría. Una percepción exagerada que encontraba su mejor exponente en la popularidad de las tesis del fin de la historia que según Francis Fukujama no implicaba solo el fin del conflicto Oeste-Este sino que la universalización de la democracia liberal como forma final de gobierno humano.

El público estadounidense percibió la inminencia de la amenaza anunciada por los atentados del 11 de septiembre de 2001. Es efectivo que los atentados del 11 de septiembre de 2001 lanzaron un mensaje claro. Ello, tanto por el número de muertos (más de 3 mil); como la forma kamikaze del atentado; como por el carácter simbólico de los blancos elegidos: el símbolo del poderío económico estadounidense (World Trade Center); el símbolo de su poderío militar (el Pentágono) y, también aunque fallara, ataque al símbolo político representado por la Casa Blanca. El mensaje era que en el siglo XXI Estados Unidos era vulnerable.

El Gobierno de George W. Bush aprovechó el contexto para imponer estrategias de control ciudadano y de limitación de las libertades civiles con que soñaban las corrientes autoritarias y que ya estaban en el tintero. Fue el trauma creado por los ataques el que permitió la imposición de limitaciones a los derechos civiles. Medidas que están funcionando hasta el día de hoy. Ellos van más allá de lo que requería la fuerza operativa de Al Qaeda y sus seguidores.

El efecto de esas políticas fue la expansión mundial de la industria de la seguridad, a niveles insospechados. Las revelaciones del dador de alerta Edward Snowden, demuestran que las políticas de invasión de la privacidad no sólo estaban ligadas a una reacción frente a los atentados y a la guerra contra el terrorismo. Ellas respondían a la tentación de usar la tecnología numérica para controlar los ciudadanos. El impacto fue que ellas se impusieron no sólo en Estados Unidos sino que en países que ni siquiera eran amenazados por Al Qaeda y sus cohortes. En realidad se trató de una concepción utilitarista del miedo como mecanismo de control. Con diversos autores, ayer como hoy, creemos que como todas las revelaciones ulteriores lo han demostrado, la reacción del gobierno del republicano Georges W. Bush no correspondió de manera equivalente a la naturaleza del ataque. Las informaciones reveladas ulteriormente sobre los lazos entre la CIA y Ben Laden durante la guerra en Afganistán, el hecho de que este provenía de una de las ricas familias de Arabia Saudita, gran aliado de Estados Unidos en la región, inscribe los atentados en la compleja trama de los efectos perversos de las operaciones de espionaje y construcción de aliados a corto plazo de la política exterior estadounidense. La respuesta requería un trabajo de persecución policial y de combate de las causas más profundas.

Algunos argumentan que Ben Laden ganó porque logró imponer la lógica del miedo en los gobiernos occidentales, lo que cuestiona la democracia. Sin embargo olvidan el apetito desmedido de esos mismos gobiernos por el control de sus ciudadanos.

Errores de política exterior

La pérdida de la hegemonía estadounidense se dio también en el terreno político-militar y geopolítico. Muchos consideran que podría haber derrotado Ben Laden mucho antes. El lanzamiento de la guerra en Afganistán, justificada porque el régimen de los Talibanes le daba albergue a Al Qaida; fue seguida por la invasión de Irak, que no tenía nada que ver con los ataques del 11 de septiembre de 2001, con la falsía además de justificarla por las pretendidas armas de destrucción masiva en manos de Saddam Hussein. En el primer caso, el de Afganistán, la intervención que perseguía el ambicioso objetivo de construir la democracia, el Nation Building, en un estado fallido, es un fracaso hasta el dia de hoy. En Irak, la invasión se tradujo en un estado fallido y un país dividido entre sunitas, chiitas y kurdos, permitiendo además como efecto colateral, que los antiguos militares de Hussein se aliaran con los disidentes de Al Qaeda para formar el llamado grupo Estado Islámico. Una tendencia que hizo que la guerra en Siria se transformara en un elemento importante y de funestas consecuencias.

Antes que las consecuencias del llamado 9-11, fueron los efectos de las políticas de Washington y sus aliados principalmente británicos, que acumularon errores e intervenciones. Valga mencionar los efectos desastrosos de los bombardeos en Libia. En lugar de crear condiciones para la democracia con el asesinato de Gaddafi, se impuso el caos más absoluto.

El conflicto Sirio, revela los límites del poderío político militar estadounidense y de su diplomacia de corta vista en una de las más complejas regiones del planeta: la necesidad de reconocer la existencia en el siglo XXI de un mundo basado en fuerzas multilaterales. La actual derrota del llamado Grupo Estado Islámico, se debe a la intervención de Rusia y la entrada de la diplomacia.

La crisis de la globalización.

También en el terreno económico, las aventuras de Washington en reacción a los atentados del 9-11, se revelan problemáticas. Afganistán no representaba un poderío económico y solo geopolítico, principalmente para controlar las tendencias autonomistas en Pakistán que armó y financió a los Talibanes.

La fundamentación de la guerra en Irak, Siria o en Libia si tenía motivaciones últimas de control de las riquezas petroleras, para disminuir la dependencia de Arabia Saudita. Fue una victoria en parte lograda. Sin embargo, por un lado, por el aumento de la producción del esquisto en Estados Unidos bajó el precio del petróleo. Por otro lado, el contexto de creciente cuestionamiento de la explotación de energías fósiles por el calentamiento planetario, ubica esas guerras como las ultimas por el petróleo y sin visión de largo plazo. Además desde una perspectiva mundial, la hegemonía estadounidense se ve cuestionada porque en su preocupación por esa región, se fortalecieron las fuerzas multilaterales en Asia-Pacifico, África o América latina.

Ello favoreció la creciente presencia de la comunidad europea y sobre todo de China en la economía mundial, todo ello en el marco de la crisis económica de 2008, cuyos efectos siguen haciéndose sentir.

En ese marco, los problemas claves de la economía mundial son diversos. Está el cuestionamiento de la globalización neoliberal por la crisis climática y el abismante aumento de las desigualdades sociales ante lo cual Washington parece no tener políticas, frente a la creciente complejidad de las zonas de influencia y transformaciones de la jerarquía política de las relaciones internacionales. Todo ese debate y el surgimiento de alternativas hasta en el seno del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, no tienen lazos con los pretendidos efectos del 9-11.

La lectura reductora que hacen muchos medios tradicionales en este 15º aniversario de los atentados del 9-11 presta a confusión. Ciertamente, puede vincularse a esos hechos el cierre de fronteras en Europa y las olas de refugiados provenientes de los conflictos en la región del medio oriente que golpean a las puertas de Europa. Pero esa es una tendencia que existía desde antes. Baste recordar los refugiados africanos o del Magreb ahogados en el mediterraneo, recordar también el conflicto fronterizo entre estados Unidos y Mexico, que el republicano Donald Trump utiliza en su campaña presidencial racista. El tema más global es precisamente el de la transformación de los flujos migratiorios por los desequilibrios en la organización del sistema mundial, por las políticas delas multinacionales y las instancias de la globalización. Pero incluso la imagen de las invasiones bárbaras del Sur hacia el Norte del planeta, son un mito, porque todas las estadísticas revelan que es en los países del Sur donde se encuentra el mayor número de desplazados. Son los países del Sur del planeta los que acogen la inmensa mayoría de las poblaciones desplazadas.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001, marcaron efectivamente una nueva etapa, tanto por atacar ciudadanos inocentes, como por su masividad. Esa tragedia, por la que sus autores ya han pagado, no debe hacer olvidar que nominalmente Georges W. Bush dio por ganada la guerra hace más de una década, y que tras los efectos de las políticas de Washington, son los límites de la hegemonía estadounidense los que aparecen cuestionados en el siglo XXI.

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1 respuesta a 9-11: Reflexiones en 2016

  1. José Ramón Herrera dijo:

    Estados Unidos fue líder por defecto. Nunca ha tenido el genio necesario para crear o mantener un Imperio. Los Españoles lo tuvieron, los Franceses hasta cierto punto, los Ingleses ciertamente. Hay que acordarse que después de la Segunda Guerra Mundial lo que quedó en el mundo fueron ruinas, por todas parte. Estados Unidos no fue tocado (Pearl Harbor es una picadura de insecto al lado del resto). Asia, China, Japón, en ruina. Europa entera, Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia, ruina total. Fácil ser «Líder»en medio de las ruinas. Debido a su falta de cultura básica, Estados Unidos estaba destinado a cometer errores graves. Empezó con Vietnam. Después de la caída de la Unión Soviética y sobre todo la caída simbólica del muro de Berlín, Estados Unidos se desinhibió totalmente, los neo-cons mostraron la hilacha. El ejército de USA se instaló en Arabia Saudita lo que fue el elemento que gatillo el ataque de Al Qaeda en Nueva York, etc. La respuesta de Estados Unidos fue en su estilo primitivo, de cowboy, declarando guerras sin ninguna preparación. Bush creó los desastres de Afganistán y de Irak. Obama enseguida creó el desastre en Siria. Esta suma de desastres aceleró la pérdida de liderazgo por parte de Estados Unidos. Mientras tanto surgieron en el mundo países con líderes absolutamente por encima de los Clinton/Bush/Obama: Alemania con la Merkel, Rusia con Putin, China con Xi. Y con ellos la multipolaridad que es la nueva norma.

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