Venezuela: La crisis vista desde la izquierda

maduro1Venezuela está en crisis y el futuro es incierto para la revolución bolivariana. Luego de la victoria del derechista Mauricio Macri en Argentina, de la suspensión de la presidencia de Dilma Roussef en Brasil y luego de la victoria de la oposición venezolana en las elecciones parlamentarias del pasado mes de diciembre, la crisis entró en un nuevo punto álgido que puede llevar a la expulsión mediante un referendo revocatorio que terminaría con la presidencia de Nicolás Maduro antes que termine su mandato. La medida del referendo revocatorio existe en la Constitución Venezolana y fue instalada por el propio chavismo antes que termine el mandato del presidente Nicolás Maduro. Veamos algunas refelxiones sobre una problemática muy compleja.En primer lugar, es necesario destacar que Venezuela vive la peor crisis económica de su historia. El alineamiento negativo de planetas es evidente y juego en contra del gobierno de Nicolás Maduro. Por un lado, de acuerdo a cifras oficiales, la inflación proyectada en Venezuela es del 481%, la más alta del mundo y se espera que ella sea aun mayor para el año 2017. Ello se debe a una escasez generalizada que se calcula en el 29% y en el caso de alimentos básicos o remedios puede llegar hasta el 70% en algunos lugares. Ello se agrega a una crisis energética que provoca cortes de energía, programados por el gobierno y que pueden alcanzar hasta 13 horas diarias. Otro argumento es el del aumento del precio del petróleo, la fuente tradicional de divisas para los planes asistenciales del gobierno venezuela3venezolano. Lo cierto es que las consecuencias de la crisis económica han mermado el apoyo popular al gobierno de Nicolás Maduro. Un dato importante es que las encuestas indican que la mayoría de los venezolanos apoyan un cambio de gobierno. Ciertamente, el presidente Nicolás Maduro no tiene la influencia en los sectores populares con la que contaba el fallecido presidente Hugo Chávez. Tampoco posee la capacidad de enmendar los rumbos para enfrentar la crisis, como lo mostrara cuando frente al intento del golpe de Estado hace unos años, prefirió fortalecer su apoyo en sectores populares profundizando los problemas asistenciales. En esta oportunidad, hasta los altos mandos militares que han asegurado la continuidad democrática en Venezuela, no aparecen respaldando incondicionalmente como el en el pasado al régimen de Nicolás Maduro. Por ejemplo, el Mayor general en retiro Cliver Alcalá, exjefe de una de las regiones estratégicas de defensa del sureste de Venezuela, declaró sus críticas al apoyo del poder judicial a la renovación de la imposición de un estado de urgencia interna para enfrentar la crisis creada por el acaparamiento de productos por parte del comercio.

Para el presidente Nicolás Maduro, se trata de una conspiración internacional para derrocarlo. Efectivamente, sectores influyentes en Estados Unidos fijan una posición de desestabilización de la revolución bolivariana. Sin embargo esas posiciones no son nuevas, se trata de las posiciones tradicionales de Washington que apoya desembozadamente hasta los sectores conspiracioncitas de la oposición. Como prueba está el documento del Almirante Kurt W. Tidd, nuevo jefe del comando Sur del ejército de Estados Unidos.

venezuela2Por otro lado, está claro que el MUD, (Mesa de Unidad Democrática) que controla ahora el parlamento unicameral, prefiere privilegiar la caída del gobierno de Nicolás Maduro antes que de ocuparse de resolver la crisis económica. Busca instalar un referendo revocatorio antes del 10 de enero de 2017, lo que obligaría a llamar nuevas elecciones presidenciales. Si la revocación ocurre después, Maduro sería simplemente reemplazado por el vicepresidente Aristóbulo Isturiz. Está claro también que la oposición social de comerciantes y el sector patronal, se escudan en la altísima inflación que ellos mismos contribuyen a inflar, prefiriendo atacar el gobierno. Ellos como en el caso de otros procesos revolucionarios, utilizan el acaparamiento y castigo de los consumidores como un mecanismo de desestabilización del gobierno.

El tema del referendo revocatorio, divide la otrora unidad de los gobiernos progresistas. El actual secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, un compañero de ruta del ex presidente uruguayo expulsó abiertamente su oposición al rechazo del referéndum revocatorio por el poder judicial venezolano. Declaró públicamente que si Maduro no permite el revocatorio se transformará en un dictadorzuelo. El fue apoyado en esa posición por el expresidente José Mujica.
El dilema es importante, porque debiera tratarse de una oportunidad para el gobierno de Nicholas Maduro de obtener nuevamente legitimidad, ludo de la derrota en las elecciones.
Por su parte Maduro trató a su ex aliado de traidor.

La izquierda latinoamericana está en la dificultad de utilizar una vara común para analizar ofensiva de la derecha. Por un lado criticamos el impeachment a puertas cerradas en el congreso brasileño: un golpe institucional del congreso contra el poder ejecutivo que le permite a la derecha acceder al poder sin la sanción popular.

En el caso de Venezuela, se trata de la posibilidad de derrotar nuevamente a la oposición de derecha en las urnas, como lo hiciera en diversas oportunidades el gobierno del presidente Hugo Chávez, buscando su fuerza en el apoyo popular lo que le permitió no solo gobernar en Venezuela imponiendo una agenda progresista. La situación actual se asemeja a la vivida por el gobierno de Salvador Allende de 1970 a 1973, que pese a la escasez y la crisis seguía aumentando su popularidad como lo reflejaron las elecciones municipales a solo seis meses del cruento golpe de estado de Pinochet. Algunos denuncias la derivas del gobierno Maduro, que en lugar de mantener el apoyo popular mediante medidas de profundización del proceso, prefiere recurrir a medios institucionales para enfrentar la crisis. Debe recordarse el proyecto de Golpe de Timón con el que el expresidente Hugo Chávez había planteado responder a la crisis de 2010 que llamó el velorio del capitalismo cuando cayó el PIB venezolano en 5,8%.

Coincidimos con quienes plantean que el debate para la izquierda se sitúa no tanto en ser el espejo invertido de los argumentos de la derecha conspiracionista, Como0 señala un autor, qué tipo de instituciones requiere el cambio social, pensar en serio la democracia. Explorar formas de “democracia popular directa” antes que atrincherarse en instituciones, buscar el masivo apoyo popular. Se requiere pensar en la radicalización de la democracia en su profundización, antes que replantear ahogar el debate interno. Lo que está en juego es precisamente las posibilidades de futuro de la izquierda latinoamericana, frente a la nueva ofensiva de la derecha encubierta en el manto de “nueva derecha moderna”.
Un debate de gran importancia que permitiría recentrar el debate sobre el balance de los gobiernos progresistas, antes que termine el fin de ciclo que anuncian algunos.

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