Brasil: Reflexiones sobre una crisis

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Presidenta de Brasil, Dilma Roussef

En Brasil, las últimas semanas han sido crìticas. Una crisis marcada por una profunda recesión económica, movilizaciones sociales de capas medias y los esfuerzos de la oposición por obligar a la renuncia de la renuncia de la presidenta Dilma Roussef por corrupción. A ello se agregan ataques contra el ex presidente Ignacio Lula Da Silva. ¿Está en preparación un Golpe Institucional?

Brasil: Los orígenes económicos de la crisis.

Con una contracción económica del 3% en 2015 y de 2% en 2016; el aumento del desempleo; una inflación del 10% anual y tasas de interés estratosféricas, hay consenso en que la economía brasileña está en crisis. Como la economía mundial perdió el motor Chino, lo más probable es que se mantenga el estancamiento de la economía mundial. Además, los nuevos realineamientos económicos de Washington y Europa buscan debilitar el bloque de los BRICS. El Acuerdo Transpacífico de Cooperación económica es parte de esa estrategia.
Coincidimos con varios autores en que existe un agotamiento del modelo brasileño de desarrollo económico con redistribución limitada del ingreso. Los gobiernos del PT no consiguieron una reconversión económica estable de la economía.

Las raíces económicas de la crisis

El gobierno argumenta que ello se debe a la desactivación de la economía mundial y la caída de los precios del petróleo.
Los tenores de derecha como el PSDB, atribuyen la crisis a las políticas públicas redistributivas del gobierno. Políticas que serían incompatibles con la capacidad del ingreso nacional brasileño.
Los analistas de izquierda, critican que el gobierno del partido de los Trabajadores se ha caracterizado desde sus comienzos por un “zigzagueo entre un neoliberalismo social y un keynesianismo light casi irreconocible”. Es efectivo que el neo desarrollismo brasileño está basado en la dependencia de las exportaciones y el sometimiento al sistema financiero local transnacionalizado. Es lo que terminó por bloquear la expansión económica.

¿Las nuevas clases medias descontentas y el impeachment?

De acuerdo a la mayoría de los observadores, las llamadas nuevas clases medias enfurecidas atribuyen la crisis económica a la corrupción de la clase política y concretamente al gobierno de Dilma Roussef en Petrobras, gracias a revelaciones de la prensa en manos de la oposición de derecha.
Valga recordar que al igual que en otros países latinoamericanos las denuncias de corrupción son moneda corriente. En Brasil, la operación Lava Jato a llevado al arresto de 133 personas y el encarcelamiento de ricos empresarios de 16 compañías y tanto políticos oficialistas y opositores.
Es el conjunto de la clase política que aparece afectada y aunque la oposición intenta utilizar las denuncias de corrupción para obtener el impeachment de la presidente, no parece claro quién, de la clase política tendría la legitimidad para reemplazar a Dilma Roussef.

Efectos de la crisis

Para muchos, más allá de la corrupción política, está la crisis del sistema. Por un lado, deben considerarse los efectos de la especulación financiera que lleva a que se pagaban intereses de hasta 126% anual en julio de 2015, de acuerdo a un estudio. Por otro lado, las tarjetas de crédito alcanzaron en la misma época tasas de 334,84%. Se calcula que las familias dedican 46% de sus ingresos a pagar las tarjetas de crédito. Ello fue producto de la política de austeridad impulsada por el viraje a la derecha al comienzo del segundo mandato de Dilma Roussef e impulsada por el neoliberal ministro de finanzas Joaquim Levy (ahora renunciado). Esas políticas agudizaron la crisis social y la ruptura del Partido de los Trabajadores y su base social.
Aunque muchos observadores revelan que las marchas y movilizaciones de la clase media no son controladas por los partidos de oposición, que son también criticados por los manifestantes, ello revela el agotamiento del modelo limitado de redistribución de riquezas de los gobiernos del PT.
Es la rebelión de las nuevas clases medias que ven peligrar su ascenso económico.

¿Conflicto de poderes?

Pero, pese a que hasta ahora las movilizaciones no se inscriben claramente como un movimiento organizado por la derecha brasileña, la que aparece más comprometida que el gobierno, es seguro que ella intenta imponer un golpe institucional como en Honduras o Paraguay recurriendo para ello a sus influencias en el poder judicial.
La ofensiva desestabilizadora del gobierno de Dilma Roussef, se extendió al poder judicial, que aparece comprometido con las fuerzas de derecha.
En efecto, el Juez Federal Sergio Moro se propuso traducir en justicia al el ex presidente Ignacio Lula da Silva por enriquecimiento ilícito en momentos en que Lula iba a ser nominado en un cargo equivalente al de primer ministro del gobierno de Roussef el jueves 17 de marzo. Se trataba de una evidente movida de salvar, con su popularidad y experiencia al gobierno colapsado de Dilma Roussef.
Pero para la derecha se trataba de un contubernio para darle inmunidad a Lula para escapar a las acusaciones de enriquecimiento ilícito del fiscal Moro. En efecto, un ministro en ejercicio solo puede ser encarcelado por el Tribunal Supremo.
El Juez Sergio Moro extendió indebidamente su trabajo, saliendo de la esfera judicial, entrando directamente a la esfera política: Publicó una controvertida escucha telefónica, realizada sin la debida autorización, lo que la inhabilita para ser usada en los tribunales, que justificaría la tesis de la salvación de Lula por Dilma Roussef y no al revés.
El carácter político de la arremetida del poder judicial, se hace más evidente según los observadores, cuando el fiscal Moro, recibió el apoyo de otro juez federal,
Itagiba Cata Preta Neto- Itagiba ordenó la suspendió la nominación ministerial de Lula. Lo cierto es que de acuerdo a los observadores y expuesto en el derechista diario el País, Itagiba es abiertamente anti Roussef, como lo demuestran las fotos de su participación en las manifestaciones del 7 de marzo contra Roussef. Es el poder judicial el que ahora aparece cuestinado.
Por el momento Lula no puede asumir su cargo. El Tribunal Supremo deberá decidir la semana próxima si Lula, si puede ser el primer ministro del gobierno de Roussef y reorganizar la sobrevida de ese gobierno.

¿Hacia un Golpe de Estado Institucional?

La ofensiva contra Lula se agrega a la demanda de impeachment del presidente de la Cámara del PMDB, Eduardo Cunha contra la presidenta. Cunha es sin embargo un personaje controvertido porque es investigado por la Corte Suprema de Brasil por delitos de corrupción y lavado de dinero. En este caso, la presidenta Dilma Roussef afirma que no renunciará.
Todo indica que es difícil que la oposición pueda ganar la votación del en la Comisión especial del parlamento a mediados de abril pero está claro que la desestabilización del gobierno del PPT está en curso. Afortunadamente, según los observadores, y a diferencia de los años 60 y 70, esta vez, el ejército afirma abiertamente, en comunicado oficial que no intervendrá a pesar de los llamados de golpe de la oposición.
Es evidente que hay una estrategia de desestabilización contra el gobierno de Dilma Roussef. Una estrategia en filiación con la ofensiva de reconquista de la derecha latinoamericana con el apoyo abierto de Washington. Una estrategia que propicia Golpes Blandos como en Honduras contra Manuel Zelaya, o el de Paraguay contra Fernando Lugo. Una estrategia de acciones desestabilizadoras, de mayor o menor agresividad contra los autoproclamados gobiernos progresistas y que beneficia del control de los medios de comunicación y de los errores en ese campo por esos gobiernos.
Una estrategia del gobierno Obama que combina la apertura diplomática de reconocimiento de la revolución cubana y el apoyo desembozado hacia un gobierno neoliberal como el del nuevo presidente Argentino Mauricio Macri, que recibió la visita del presidente estadounidense al cumplirse sus primeros 100 dias en poder.

¿Cuáles Alternativas de Izquierda?

Creemos que la crisis brasileña fuerza el inicio de un debate en la izquierda latinoamericana. Se trata de rescatar el repunte de corrientes críticas que reconocen el agotamiento de los progresismos latinoamericanos y la necesidad de que la izquierda latinoamericana levante nuevas alternativas. Algunos recuerdan la necesidad de considerar la situación actual, por su semejanza, con el ciclo de agotamiento de los reformismos nacionalistas agotados de los años 50 al 70, desde el Varguismo en Brasil, al nacionalismo revolucionario en Bolivia, al de Jacobo Arbenz en Guatemala o el de Torrijos en Panamá, por señalar solo algunos. Un debate abierto porque efectivamente, más allá de una salvación del gobierno del PT, está el de la profundización necesario de los proyectos gubernamentales post neoliberales en América Latina y el desarrollo de políticas públicas que permitan enfrentar estratégicamente las flagrantes secuelas de las desigualdades sociales, económicas y culturales.

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