Haiti: postergación de las elecciones presidenciales

Haiti1El anuncio de la postergación de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Haití por razones de seguridad y boicoteadas como una farsa electoral por el candidato opositor Jude Celestin, hundió la Perla de las Antillas en una nueva crisis política. Creemos que esa crisis revela el fracaso de la tutela de la comunidad internacional sobre el que algunos observadores consideran como un Estado fallido desde cuando en 2004 expulsaron al presidente Jean-Bertrand Aristide. Una situación que consolida de decenios de dependencia de las elites haitianas, acompañada de la ausencia de instituciones democráticas asentadas en la representación popular. Lo lamentable es que el pequeño país de diez millones de habitantes, que comparte la isla Hispaniola con República Dominicana, aún no se recupera del terrible terremoto que en enero de 2010 provocó 240 mil muertos.Son los ciudadanos haitianos quienes más sufren por la situación económica desastrosa, la corrupción de las elites y el paternalismo mal orientado de la comunidad internacional que quiere que sean los haitianos que decidan pero ello solo en la medida en que corresponde a lo que ellos desean que sea. Es lo que explica que por guardar las apariencias sus representantes en Haití querían que se realizara de todos modos una segunda vuelta de las presidenciales. Ello pese a la constatación de fraude en la primera vuelta de la elección presidencial de octubre. Además, el candidato presidencial de la continuidad, Jovenel Moisi, era el único que se presentaba ya que el candidato de oposición Jude Celestin boicoteaba la segunda vuelta de la presidencial.
La postergación de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales se debió a las movilizaciones en las calles que confirman el creciente descontento hacia la presencia internacional que acomoda las elites y perpetúa la pérdida de soberanía ciudadana sobre las instituciones. Ese es un aspecto positivo. La calle se hizo presente y la ciudadanía se moviliza de manera permanente por lo que puede descartarse un golpe militar, según los observadores. En el pasado, los golpes de estado dirimían las disputas entre las élites haitianas. Sin embargo la crisis actual reviste visos de crisis de carácter tropical, propias del siglo pasado. El 7 de febrero el país se encontrará oficialmente sin presidente y lo más probable es que se nombre un gobierno interino sin ninguna legitimidad. La ausencia de voluntad política de los actores del drama haitiano puede traducirse incluso en la inaceptable continuidad del gobierno del actual presidente Michel Martelly, uno de los principales responsables del descalabro electoral.
Fueron efectivamente las movilizaciones y enfrentamientos en la semana previa a las elecciones entre partidarios de Jude Celestin como a favor del presidente actual de Haití Michel Martelly, el incendio de varios lugares de votación, lo que llevó a que el consejo electoral provisorio (CEP) postergara hasta una fecha indeterminada la segunda vuelta de la elección presidencial al igual que algunas elecciones legislativas que requerían segunda vuelta.
El Consejo Electoral Provisorio mismo es una instancia controvertida, dirigida por Pierre-Luis Opont, es criticada por no ser independiente del gobierno. Es uno de los problemas de la constitución de los noventa, que no estableció una instancia profesional e independiente del poder político, que nombra actualmente el consejo electoral que sigue siendo provisorio desde hace varios años.
Aunque se pueda estar de acuerdo con que el clima de violencia justificó la postergación de la elección, más aún cuando se transformó en un plebiscito del candidato de la continuidad, ello revela sin embargo la paradoja que en otras circunstacias justificaría una intervención de la comunidad internacional como en el Congo para asegurar elecciones limpias. En este caso la comunidad internacional ya está en el país y es parte del problema al insistir en cerrar los ojos ante el fraude electoral y forzar la realización de las elecciones. Canadá financió con decenas de millones de dólares el proceso y forzaba porque las elecciones se realizaran como previsto. Una paradoja porque teóricamente la fuerza internacional de paz, que lleva ya más de diez años asegurando las labores policiales no sirvió para asegurar que el escrutinio se realizara normalmente.

Incapacidad de la comunidad internacional
Debe constatarse que esta última crisis política haitiana ocurre bajo la directa vigilancia de diversas instancias de la comunidad internacional que aparecen completamente ineficaces para apoyar el funcionamiento normal del Estado Haitiano y la democracia electoral a pesar de todas las declaraciones de buenas intenciones.
Ahora la reacción de los observadores internacionales es de favorecer una salida rápida a la crisis. El secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, llamó a que la clase política haitiana trabaje para encontrar una solución consensuada lo más rápidamente posible.
La misión de observación de la Organización de Estados Americanos, la OEA, condenó todos los actos de violencia de los diferentes sectores y que dejar un vacío de poder era peligroso.
El grupo de apoyo, compuesto por representantes de la ONU, de la OEA y las embajadas de Canadá, de Brasil, de España, de Francia y de Estados Unidos insistieron en su apoyo a la conclusión de un proceso electoral inclusivo y equitativo.
El gobierno canadiense dirigido por Justin Trudeau manifestó su preocupación por la situación haitiana y llamó a que se realice la segunda vuelta de la elección presidencial en el más breve plazo posible y reconoció que ya habia invertido 20 millones de dólares para financiar las elecciones abortadas.

Incapacidad del gobierno de Michel Martelly
Los observadores estiman que la postergación de la segunda vuelta de las elecciones refleja también la incapacidad manifiesta del gobierno de Michel Martelly de asegurar un proceso electoral limpio.
Se recordará que las dos primeras vueltas de las elecciones legislativas y la primera vuelta de la elección presidencial en octubre pasado estuvieron marcadas por irregularidades enromes, según reconoció la Comisión independiente de evaluación electoral.
Aunque los problemas de seguridad podrían justificar que se postergara la elección, lo cierto es que si se la hubiese forzado, la legitimidad del candidato Jovenel Moise apoyado por el presidente saliente Michel Martelly, que no podía volver a presentarse de acuerdo a la constitucion, sería muy problemática porque el otro candidato se había retirado de la contienda.
La elección hubiese sido un plebiscito en el que los ciudadanos haitianos no deseaban participar.
Además del fracaso de la intervención de la comunidad internacional, la crisis refleja el divorcio de la clase política haitiana con el país real. Es un problema que ha sido históricamente analizado desde los poetas hasta analistas políticos serios. Haiti refleja las consecuencias de la dependencia de las elites respecto de Washington. Pese a ser el primer país latinoamericano en independizarse. La primera nación en que los esclavos lograron emanciparse. La isla a la que llego Cristobal Colon en su primer viaje, es un desastre ecológico y los habitantes originarios, aplastados por el choque de los mundos, desaparecieron. Washington y la comunidad internacional se acomodó durante decenios de la dictadura de los Duvalier, pero finalmente no aceptó que la isla eligiera en Aristide o en otros gobernantes su propio camino.
Luego de haber despertado el interés de las multinacionales, en la primera época de la globalización, la economía ahora no tiene grandes perspectivas y Haití es uno de los países mas pobres del planeta. Un contraste con Cuba que consiguió empinarse al desarrollo gracias al proceso revolucionario de liberación nacional desde 1959, pero que sufre del bloqueo estadounidense hasta ahora a pesar de la reciente reanudación de las relaciones diplomáticas

Una bancarrota.
Los observadores denuncian la intervención internacional que puso bajo tutela el gobierno y toda la población haitiana desde que en 2004, cuando la misma comunidad internacional expulsó de la presidencia a Jean-Bertrand Aristide.
De facto, la misma comunidad internacional que ahora declara como lo hace el jefe de la misión electoral de la OEA, el brasileño Celso Amorin, que son los haitianos quienes deben decidir por ellos mismos lo que hacen.
En realidad, desde hace más de 10 años son las fuerzas de intervención se han dedicado a cooptar las élites políticas haitianas más favorables a lo que piensan que sirve mejor a los haitianos.
La realidad es que los haitianos no creen en las elecciones y los políticos corruptos que las ganan. Lo cierto, como opina un editorialista, es que se provocó la caída de Aristide, bajo el pretexto de que tenía intenciones dictatoriales, pero fue remplazado por un gobierno bajo estrecho control de la fuerza de intervención internacional.
Se recordará que Michel Martelly fue impuesto como candidato por la embajada de Estados Unidos y elegido en comicios manchados por el fraude. En realidad, esas masas populares ciudadanas haitianas rechazan la mascarada de la continuidad del gobierno Martelly con su candidato Jovenel Moîse, controlado por la fuerza de intervención internacional. Mientras tanto el candidato que llegó segundo en las elecciones de octubre pasado, Jude Celestin, se unió a otros candidatos para denunciar la manipulación electoral.
La postergación de las elecciones fruto de la expresión de la movilización social ciudadana, contra la intervención internacional y contra la elite política en el poder, pone en el tapete la reivindicación de que se devuelva la soberanía al pueblo haitiano. La salida a la crisis haitiana debe comenzar por la suspensión del gobierno de Michel Martelly más allá del 7 de febrero. Se debe formar un gobierno interino de unidad nacional y nombrarse un nuevo consejo electoral que tenga credibilidad y que retome el proceso electoral nuevamente garantizando el pleno ejercicio de la voluntad popular en la elección de un presidente que no esté impuesto por la comunidad internacional sino que por la ciudadanía haitiana.

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