Venezuela: Victoria de la derecha

Los electores venezolanos le infligieron un castigo contundente al gobierno de Nicolás Maduro y su coalición Gran Polo Patriótico en las elecciones parlamentarias del domingo 6 de diciembre en Venezuela. En efecto, las fuerzas de derecha agrupadas en la Mesa de la Unidad Democrática, MUD, obtuvieron el 53,12% de los votos obteniendo 112 escaños (67%de los diputados) y el Gran Polo Patriótico el 44,11% , obteniendo solamente 55 escaños (33% de los puestos). En esta oportunidad el sistema electoral favoreció la oposición de derecha que obtiene así con 112 diputados los 2/3 necesarios para plantear un referendo constitucional y formar una asamblea constituyente. Además el impacto de las elecciones en el poder legislativo es total porque el sistema político venezolano tiene un poder legislativo unicameral por lo que no existe, como en otros sistemas políticos latinoamericanos, el mecanismo moderador de la renovación parcial de los senadores, que tiende a asegurar cierta estabilidad al poder legislativo.
Sin embargo, a diferencia del llamado dramático de algunos presidentes y ex presidentes de tendencia derechista, que calificaban el gobierno Venezolano de dictadura, la noche misma el presidente Nicolás maduro reconoció la derrota como corresponde en sistemas de democracia representativa.
Los resultados debieran plantear una situación de cogobierno o de cohabitación entre el poder ejecutivo y el poder legislativo hasta las elecciones presidenciales próximas, como ocurre en Francia o en Estados Unidos, donde es recurrente que el poder legislativo y el poder ejecutivo sean controlados por partidos diferentes. Incluso, si se considera la situación de crisis económica que se vive en ese país sudamericano, lo recomendable es la formación de un gobierno de unidad nacional. En Venezuela la situación es diferente, y lo más probable es la polarización de la política. Una situación que aumenta la inestabilidad venezolana pero que no solo puede ser costosa para el presidente Maduro, sino que atrae riesgos para la oposición por el bloqueo de los otros poderes del Estado (ejecutivo, judicial, ciudadano, electoral, militar).
En efecto, los ciudadanos venezolanos castigaron la coalición gubernamental del presidente Nicolás Maduro. La primera derrota verdaderamente importante del chavismo en 20 elecciones (Otra derrota fue la del referendo constitucional de 2007). La primera elección de Hugo Chávez a la presidencia fue el 6 de diciembre de 1998. El Chavismo sufrió los efectos de la crisis económica creada por la caída de los precios del petróleo, de los errores de no aprovechar la renta petrolera para asegurar el desarrollo de una economía diversificada y el fracaso en contrarrestar sus efectos sobre la población en términos de la caída del producto interno bruto, del desabastecimiento, del mercado negro y la corrupción. A pesar del proyecto de revolución bolivariana inspirada de un socialismo del siglo 21 se trata de un gobierno de centro-izquierda que apostó al populismo progresista y a la redistribución de ingresos por programas sociales sin variar esencialmente las estructuras económicas o la propiedad de los medios de producción. Un proyecto semejante al de otros gobiernos progresistas en Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y Uruguay.
Lo que se dibuja, más allá de la retórica es que la derrota en las elecciones legislativas anuncia una alternancia en el poder que se traduciría en la derrota del chavismo para las elecciones presidenciales de fines de 2018. Pero, con 44% de los votos, el chavismo conserva un apoyo importante y no está claro aún si se trata de una derrota de la revolución bolivariana o de un proyecto que requeriría profundizarse como señalan varios sectores de izquierda venezolana que recuerdan el Golpe de Timón que proponía el fallecido presidente Hugo Chávez Frías en 2012. Un debate que actualiza las tesis del agotamiento del progresismo populista en América latina.
La victoria de la vasta coalición de oposición al chavismo dominada por la derecha radical unida en su oposición acérrima al chavismo, abre la vía a la alternancia en el poder. Sin embargo, muchos estiman que puede ser una trampa para una oposición que no cuenta con un líder unificador y cuyo factor común es la oposición al chavismo y que debe esperar enero de 2019 si desea controlar el poder ejecutivo. Ella reúne desde visiones radicales del neoliberalismo que llevaron en otros tiempos a la bancarrota de los partidos de derecha en Venezuela y el surgimiento del chavismo como el viejo partido COPEI de tendencia falangista, hasta derechas modernas como Voluntad Popular de Leopoldo López o el derrotado candidato presidencial en dos oportunidades, Enrique Capriles, Proyecto Venezuela y hasta tendencias de centro izquierda como el Movimiento al Socialismo; y Vanguardia Popular y Bandera Roja. Por otro lado, su filiación con Fedecámaras, conglomerado de empresas privadas que participó a través de su presidente Pedro Carmona Estanga en el intento de golpe de estado del 11 de abril de 2002, puede dañar su imagen.
Algunos plantean que ganó por un voto de castigo a Maduro antes que un apoyo a su plataforma electoral que incluye la ley de amnistía, la destitución de Maduro y, además por medidas impopulares de derecha para atacar la crisis económica. La política más apropiada sería la de negociar con el presidente Nicolás maduro, pero muchos estiman que ello, quebrará la oposición, por la importancia de sectores radicales que verían la negociación como una traición. La ruptura entre os que tienen como prioridad liberar los políticos presos y derrocar a Maduro, contrasta con los que piensan que fueron elegidos para resolver la crisis.
El resultado de las elecciones parlamentarias en Venezuela tiene también importancia en la región latinoamericana porque puede marcar el comienzo del fin del rol que jugaba ese país en la conformación de un bloque autónomo respecto del capitalismo mundial.

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