Cambio Climático. Se adopta primer borrador de acuerdo de la COP21

tierra_cop_2015_12_13_bLos ojos del planeta están centrados en los debates de los representantes de 195 países, que comenzaron el lunes pasado, en la COP21, la Conferencia de Paris sobre el Cambio Climático. Ellos que deben concluir en un acuerdo global contra el cambio climático el jueves 10 de diciembre. Ayer sábado, se aprobó el borrador técnico, un documento de 48 páginas que debe ahora ser discutido a nivel político por los ministros quienes, con perspectiva política, deben llegar a acuerdos en muchas áreas de disensión que hacen que el borrador técnico, disponible en Internet, sea muy difícil de leer.

Las buenas noticias

El principal punto de acuerdo de la cuasi totalidad de los países participantes es que existe efectivamente el cambio climático provocado por la actividad humana y que el gran desafío de la humanidad es el de evitar el aumento de la temperatura media global. El Informe del Grupo de expertos sobre el cambio Climático, estima que ella no debe aumentar más allá de dos grados centígrados. El principal desafío es hacer corresponder las promesas y el texto del acuerdo con ese objetivo. Por lo pronto se estima que las promesas de más de 160 países no permitirían llegar a ese objetivo y que la temperatura alcanzaría por lo menos un aumento de 3,5 grados centígrados. Falta mucho trabajo, a pesar que se franqueó una barrera importante.
El borrador técnico tenía 55 páginas el lunes pasado. En cinco días los negociadores lo redujeron a 48 páginas y de ellas sólo 20 corresponden al acuerdo propiamente tal, las otras corresponden a anexos. La letra pequeña, que a veces es más importante. Ahora les corresponde la tarea a los ministros de los 195 países miembros del acuerdo marco de las Naciones unidas sobre el cambio climático que resuelvan a contar de mañana lunes esos problemas litigiosos de lenguaje y de alcances concretos que comprometen sus gobiernos.

Asumir las consecuencias del principio de diferenciación

Para nadie es sorpresa el constatar que los dos principales puntos que no llevan consenso, sean el de la financiación de los países en desarrollo y el carácter jurídicamente vinculante del acuerdo. Ellos reflejan la seriedad del compromiso de los Estados.
Se trata de dos aspectos que están muy ligados al principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, adoptado ya desde la Cumbre de la Tierra en 1992.
Se trata simplemente de reconocer la realidad histórica de que los países desarrollados, son los principales responsables de haber iniciado el calentamiento planetario global con las emisiones producto del desarrollo anárquico y exponencial del uso de las energías fósiles y productoras de gases con efecto invernadero. Ello debiera entonces traducirse en un esfuerzo en el que deban asumir mayores responsabilidades los países desarrollados que aquellos en vías de desarrollo.
Se ha avanzado mucho en relación al acuerdo de Kioto. En ese acuerdo sólo los países desarrollados debían reducir sus emisiones. Se exoneraba los países en desarrollo de imponerse cuotas de reducción de gases con efecto invernadero. Ahora existe un consenso que todos los planetas deben participar en reducir esos gases con efecto invernadero. En los casos en que un país no tenga emisiones importantes, se debe privilegiar un crecimiento económico que recurra a nuevas tecnologías que algunos llaman verdes, porque no producen gases con efecto invernadero.
Ello implica también que los países en vías de desarrollo y que serán generalmente los más afectados, deberán también recibir ayuda financiera no sólo para adaptarse a las consecuencias del cambio climático (tempestades, sequías, etc.) sino que, además para asegurar una transferencia de tecnologías verdes que garanticen el viraje hacia un planeta sin gases con efecto invernadero.

La financiación y un acuerdo vinculante

La aceptación del principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, se traduce en un costo financiero.
En la fracasada conferencia de las naciones partes del Acuerdo Marco sobre el Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas realizada en Copenhague en 2009, se había planteado la formación de un Fondo Verde de 100 mil millones de dólares anuales hasta 2020 para ayudar los países en vías de desarrollo para combatir las consecuencias del cambio climático. Sin embargo, los países desarrollados no cumplieron esa promesa voluntaria y el fondo no se ha constituido como tal.
Considerando el fracaso de la promesa de 2009, el segundo aspecto más importante es el que se refiere al carácter jurídicamente vinculante del acuerdo que se obtenga en Paris. Un acuerdo vinculante, en el lenguaje de la ONU, obliga al país que lo firma, a respetarlo, con peligro de multas.
Desde ya muchos aceptan que es imposible llegar a un acuerdo jurídicamente vinculante, principalmente porque pese a los buenos deseos que estima el presidente estadounidense Barack Obama, este está en el último año de sus mandatos y no tiene mayoría en el Congreso de ese país como para aprobar un tratado que obligue formalmente a Estados Unidos a reducir sus emisiones. Los republicanos no lo aceptarían.
Debe entonces definirse el nombre del acuerdo, tratado o Pacto. Se trata de permitir que este se cumpla más allá de la voluntad de los gobernantes de turno. La fórmula en discusión, propone es que sean los propios Estados quienes adopten leyes para fijar sus contribuciones nacionales de reducción de gases con efecto invernadero. Sin que ellas aparezcan en el tratado, acuerdo o pacto internacional. Ello les obligaría a cumplir pero no por imposición internacional, sino por respeto a su propia legislación.
Muchos estiman la COP21, la Conferencia de Paris sobre el Cambio Climático ha avanzado mucho más que la COP15 de 2009 en Copenhague. En esa Conferencia el documento que se entregó a los ministros tenía 300 páginas. Pero las dudas sobre el resultado del viernes 11 de diciembre se mantienen. La conocida ONG Greenpeace teme que no se llegue a un acuerdo apropiado. Otros, pragmáticos, saludan que hay grandes posibilidades de que por lo menos haya un acuerdo, a diferencia de Copenhague, donde lo único que se consiguió fue una declaración de intenciones generales y voluntarias.

Un desafío ineludible

La Conferencia de París, se realiza en medio de estrictas medidas de seguridad en respuesta a los 130 muertos del ataque atribuido a DAESH. Algunos plantean que el desafío de la seguridad pública es el desafío principal actual. Sin embargo, muchos critican esa lectura reductora, que olvida que se trata de un fenómeno más complejo. Varios investigadores muestran el vínculo entre el desarrollo de DAESH y el calentamiento planetario (la lucha por el petróleo, la sequía y otros desequilibrios climáticos del medio oriente). Otros plantean que los refugiados climáticos aumentarán en los próximos años. El desafío de la crisis climática no es sólo un problema de temperatura del planeta. Además de aumentar las catástrofes naturales, sequías y disminución de la fertilidad de los suelos, las economías locales colapsarán, aumentarán los flujos migratorios y los conflictos sociales, políticos y militares de todo tipo. La necesidad de un acuerdo es imperioso y por una vez esperamos que el liderazgo de la humanidad asuma su responsabilidad y responda a la conciencia ciudadana.

 

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