Acuerdo de Bonn contra el cambio climático.

mapamundiEl viernes 23 de octubre terminó en Bonn, Alemania, una semana de negociaciones de los 195 países que firmaron en los años noventa la Convención del al ONU sobre los cambios climáticos.
La Conferencia de las Partes, es la principal instancia mundial de concertación de la lucha contra el cambio climático. Es la instancia que permitió la adopción en 1995 del llamado acuerdo de Kioto, el primer esfuerzo de lucha contra el cambio climático.
La evidencia científica acumulada por el Grupo de Expertos sobre el Cambio Climático, mostró que los esfuerzos de control de gases con efecto invernadero del protocolo de Kioto no eran suficientes. En 2009 se trató por primera vez, seriamente, de llegar a un nuevo acuerdo para reemplazar y extender el acuerdo de Kioto.
Ese encuentro de 2009 fue un fracaso y las esperanzas están ahora centradas en la Conferencia de las partes sobre el cambio climático, más conocida como COP-21, que se realizará en parís entre fines de noviembre y el 10 de diciembre.
Como se recordará, y ahora la evidencia científica está crecientemente corroborada la vivencia empírica de una naturaleza que se vuelve loca y aumenta fenómenos naturales como las tempestades y los ciclones con catastróficas consecuencias. Se sabe que aumentará la desertificación, crecerá la inseguridad alimentaria aumentarán las enfermedades y los costos económicos serán enormes. Además, el aumento del nivel de los océanos amenaza con hacer desaparecer las pequeñas islas del pacífico y las urbes costeras.
El objetivo esencial del nuevo acuerdo que se espera adoptar en Paris es el de adoptar medidas que permitan reducir las emisiones de gases con efecto invernadero para limitar el aumento de la temperatura del planeta por debajo de 2 grados Celsius. Valga recordar que las promesas de reducción que han hecho hasta ahora unos 50 gobiernos no permiten alcanzar ese objetivo.
A diferencia de los años noventa, existe una conciencia planetaria cada vez más importante. Ahora se plantea que el esfuerzo no sea solamente de los países desarrollados, causantes históricos principales del calentamiento planetario, se propone incorporar además los países emergentes y aquellos como los países del Golfo que por la renta petrolera pueden invertir en ayudar los países más vulnerables a adaptarse a los efectos catastróficos del cambio climático.
Esta nueva ofensiva mundial para un acuerdo global de lucha contra el cambio climático se realiza en medio de esfuerzos dispares de diferentes instancias gubernamentales como de gobiernos nacionales, regionales y municipales. También las instancias de la sociedad civil que forman el movimiento por el medio ambiente. Hasta los ciudadanos individuales participan en campañas y modelan sus comportamientos al percibir la importancia del desafío que enfrenta la humanidad. El surgimiento del debate sobre la economía verde y crecientes inversiones en la substitución de las energías fósiles y la creación de las llamadas bolsas del carbono, confirman ese cambio de actitud.
El problema es que ello no es suficiente. Mientras la economía mundial aparece más concentrada que nunca en pocas manos y cuando dominan las fuerzas neoliberales que persiguen la ganancia a corto plazo, los tiempos de adaptación que proponen quienes controlan la economía mundial son demasiados lentos para la urgencia que requiere la lucha contra el cambio climático. La humanidad debe aceptar que importantes depósitos de energías fósiles nunca deban ser explotados y que debe integrarse el desarrollo económico con la protección del medio ambiente. Es lo que está en juego en la Conferencia de Paris en diciembre próximo y en ese itinerario, el encuentro de esta semana en Bonn era vital porque debía consensuar el documento de base para ese encuentro.
El acuerdo de base para la Conferencia de París
La buena noticia es que las negociaciones de los 150 países, terminaron con la adopción de tal documento el viernes por la tarde. El texto tiene 55 páginas y está lleno de paréntesis que equivalen a tantos puntos que aun deben consensuarse.
A pesar del acuerdo final, se estuvo al borde de la catástrofe, porque los organizadores habían eliminado en el documento presentado el lunes, la mayoría de las demandas de los países llamados en desarrollo en la terminología onusina. Los influyentes miembros del llamado grupo de los 77 más China, que en realidad cuenta ahora con 134 países manifestaron que se trataba de una injusticia. La delegada de África del Sur denunció que hacer callar las voces del sur se asemejaba al Apartheid.
Finalmente, se abrió la discusión y se llegó al acuerdo consensual que es todavía una compilación de proposiciones. Por lo menos es más corto que el de 2009 que contaba con 200 páginas. El que se haya llegado a un acuerdo el viernes en Bonn es un buen índice porque mantiene abierta las posibilidades por la madurez de las partes.
El principal escollo es el conflicto que persiste entre los países del Norte y del Sur. Aunque se consiguió un equilibrio precario entre las dos regiones del planeta subsisten las diferencias entre las posiciones de los países del Sur que llaman a que los países del Norte desarrollado asuman su responsabilidad en las causas de la crisis climática y que contribuyan financieramente en apoyar a los países más vulnerables. Un avance importante es que los países del Sur, principalmente los países emergentes, entre ellos China, Brasil y otros están también dispuestos a contribuir en la medida de sus capacidades al financiamiento de la lucha y la adaptación de las poblaciones más vulnerables a las consecuencias del cambio climático.
Las reticencias de los países desarrollados que en un momento había propuesto contribuir 100 mil millones de dólares, están ligadas a las consecuencias económicas de la crisis neoliberal y el actual estancamiento de la economía mundial.
Fuera de ello, queda una serie de temas pro resolver y que están ligados al monitoreo y el carácter vinculante de las cuotas de reducción que propongan los gobiernos de los 150 países. También se discuten los mecanismos de revisión de acuerdo a la evaluación de los impactos de las reducciones de gases con efecto invernadero. Falta definir como se aplicará específicamente el principio de la diferenciación, vale decir que los países deben hacer esfuerzos que correspondan a sus capacidades y a sus responsabilidades. El tema del impacto del impacto económico del cambio climático en los países en desarrollo tampoco aparece bien definido.
Con vistas a la Conferencia de Paris sobre el cambio climático se perciben aun dos visiones contradictorias. Por un lado están las posiciones que buscan un acuerdo basado en el más pequeño denominador común y que no responde a las necesidades de las poblaciones más vulnerables. Por otro lado, los países e instancias que plantean un acuerdo ambicioso y equitativo, que subraya la importancia de la adaptación para las poblaciones más vulnerables y busca enfrentar lo que algunos califican como la crisis climática.
La principal lección de las negociaciones en Bonn esta semana, es que para llegar a un acuerdo en Paris se requiere voluntad política. No basta con las negociaciones de técnicas de funcionarios o expertos. En el itinerario hacia Paris, adquiere gran importancia la reunión del G20 prevista en Turquía a mediados de noviembre. La actitud que adopten los gobiernos frente al cambio climático en ese encuentro será el índice más evidente sobre las posibilidades de un acuerdo importante en París. Sobre todo si se desea que el acuerdo tenga un carácter vinculante y no sea una declaración de buenas intenciones sin mayor efecto como ocurrió en Copenhague en 2009.
La verdad de la milanesa es tras esa necesario voluntad política de los estados, están los ciudadanos, las organizaciones de la sociedad civil y las diversas instancias democráticas. Esa voluntad política aparece claramente cuando ellos fuerzan sus gobiernos para que adopten posiciones de lucha contra el cambio climático, como lo hicieron los canadienses el lunes 19 de octubre al dejar cesante al Primer Ministro Stephen Harper. Con ello se consiguió que haya un escéptico menos en torno a la mesa de negociaciones.

Esta entrada fue publicada en Internacional y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *